Sobre la intencionalidad de los cetáceos

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LA MADRE QUE ARREMETE CONTRA LA CRÍA Y LA CRÍA QUE SALVA A LA MADRE. ¿Tenían intenciones?

Reconozco que utilizo este subtítulo para llamar la atención. En realidad resume dos noticias actuales sobre conductas sorprendentes en cetáceos. La madre que arremetió contra su cría fue capturada durante las brutales y despiadadas matanzas de delfines de Taiji, Japón, en las que también se capturan ejemplares vivos para vender a acuarios y ser explotados en el negocio de los espectáculos. La pobre cría vino al mundo a fines de septiembre en el acuario de Nagoya, al que fue destinada la desdichada madre. Una vida cruel y efímera pues su madre arremetió contra ella durante cuatro días, sólo los que pudo sobrevivir.

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Algunos lo han querido interpretar con connotaciones humanas, dándole a la desdichada madre la capacidad intencional de evitar que su cría viviera en la opresión de la cautividad como ella de forma perpetua. Hace un siglo, Lloyd Morgan convirtió en ley, dentro del estudio de la conducta animal, una frase que resumía el pensamiento de los conductistas, que en el fondo trataban siempre de demostrar que los animales no humanos carecían de mente. Aquella Ley de Morgan venía a aconsejar que no se interprete que tras una conducta existan capacidades mentales complejas si se puede explicar de una forma más sencilla. En realidad permite evitar el mentalismo, el dar erróneamente a un animal o a una conducta cualidades psicológicas humanas de las que quizás carezca. Como primates humanos tendemos a interpretar todo desde nuestra percepción específica de nuestra especie. Nos cuesta mucho interpretar conductas de otros animales sin el sesgo humano pues es lo connatural en nosotros, lo innato. Interpretar la conducta de un mamífero que vive en un mundo perceptivo tan diferente al nuestro como es un cetáceo nos cuesta aún mucho más porque nos es tremendamente difícil introducirnos dentro su mundo perceptivo. La Ley de Morgan nos recuerda que podremos encontrar otra explicación que, si es más sencilla, quizás sea más acertada. El acuario dice que seguramente es una conducta de primeriza, que no sabe qué hacer con su cría, algo que a veces pasa. Pero también sabemos que muchas madres de otros mamíferos, por alteraciones neurológicas y/o conductuales debidas a la cautividad, matan e incluso devoran a sus crías en un acto totalmente inconsciente, no funcional, aberrante. Para esta madre delfín, el trastorno psíquico que supone el terrible estrés de la cautividad proviniendo del estado libre y salvaje en los océanos infinitos, es suficiente para la posibilidad de que se dé esta conducta que no sé si llamar aberrante pues, siéndolo en el mar, en una piscina libera a la cría y a la especie del absurdo yugo humano, este sí, aberrante en toda su definición. En cautividad hay madres delfín que no amamantan a sus crías o intentan ahogarlas, las muerden y acosan hasta matarlas y todo apunta a alteraciones comportamentales derivadas del presidio.

Lloyd Morgan, introdujo lo que se conoce como principio de parsimonia o canon de Lloyd Morgan.

Lloyd Morgan, introdujo lo que se conoce como principio de parsimonia o canon de Lloyd Morgan.

La Ley de Morgan debe ser tomada con cuidado puesto que también empobrece las ideas desde el momento en que pretendemos que un animal no humano nos tenga que dar muestras fehacientes y contrastadas de que su conducta es cognitivamente compleja mientras que, para los primates humanos, no exigimos tanta demostración y damos por hecho que tras cualquier conducta subyace algún tipo de elaboración mental compleja, lo que la mayoría de las veces no es cierto. Esto se debe, nuevamente, a los límites de nuestra capacidad innata de primates. Nos es muy complicado descubrir otras capacidades que no sean las nuestras. Estamos limitados y, en nuestra incapacidad, creemos que no lo estamos. La evolución no sigue un camino determinado hacia las capacidades cognitivas humanas. El medio tiende a definir las capacidades que cada especie va desarrollando tratando de adaptarse. De esta forma, y al igual que dentro de la aleta pectoral del delfín hay una mano con cinco dedos y que sus crías maman leche como lo hace la del primate humano, nuestras diferencias no son cualitativas sino tan sólo cuantitativas. Nuestras emociones, por ejemplo, no difieren. No pueden hacerlo. A la terrible experiencia de la cautividad forzada y perpetua de esta delfín, hay que sumar, sin duda, el trauma de la experiencia vivida en Taiji, donde pudo escuchar y ver morir uno a uno a los componentes de su grupo familiar, pues los delfines sabemos que conocen y reconocen a cada individuo y mantienen con ellos lazos estrechos, conocen y reconocen sin duda los gritos del miedo, del horror y del dolor.

A principios de octubre, en Moreton Bay, Queensland, Australia, sucedió un hecho insólito. Una cría de yubarta se percató de que su madre tenía problemas y había quedado varada en un banco de arena, e intentó salvarla heroicamente, empujándola insistentemente hacia aguas profundas. Realizó esfuerzos desesperados hasta que, con la ayuda de la marea, la madre pudo volver al océano abierto. Podéis ver el vídeo de la noticia relatada por grindtv abajo;

Las madres de los mamíferos tienen comportamientos innatos que las llevan a proteger a las crías de posibles amenazas y de amenazas reales que reconocen mediante aprendizaje o de forma innata. A veces la explicación sencilla que nos pedía Lloyd Morgan es paradójicamente más compleja que aquella en la que existe la comprensión de la situación por parte del animal. Podríamos pensar que, dado que la cría debe carecer de comportamientos innatos que le empujen a ayudar a su madre y más aún, de la capacidad de darse cuenta de que se encuentra en peligro, la podría estar empujando en un desesperado intento de amamantarse. Pero analizando los vídeos, no se observa una intención de amamantar ni durante el proceso ni después, cuando se alejan juntos. Es conocido que el neocórtex de los cetáceos es de una complejidad sólo comparable a la de primates superiores, y parece ser que el cerebro complejo de la yubarta es capaz de soportar un grado de conciencia y un funcionamiento cognitivo complejo, como explican diferentes científicos.

Pero quizás tú tengas una percepción diferente y tú visión nos ayude a comprender la complejidad de estos comportamientos.

David Nieto Maceín, especialista en comportamiento animal

 

 

 

David Nieto Maceín

http://davidnietomacein.blogspot.com.es/

 

 

 

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